Por Miguel Angel Flores Manzo
rockerdoom9@gmail.com
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Como escritor de anticipación hay palabras a las que solemos recurrir con frecuencia, una es la distopía. Esta palabra de mágicos horizontes para la creación de un relato encuentra su etimológico origen en el griego antiguo.
Cuando el multifacético Tomas Moro (Lord canciller de Enrique VIII) acuña el término utopía en
su obra literaria más famosa, describiendo así una inexistente y poco probable sociedad ideal,
nos da el impulso justo para generar a la distopía como su antónimo.
La desigualdad, egoísmo y opresión en la inmadurez de nuestras sociedades nos han
mantenido siempre alejados de la utopía, donde el orden y la virtud progresarían generando
felicidad y equidad. Aún la proclama de libertad y fraternidad que contagió al mundo
occidental gracias a la convulsionada revolución francesa, derrocando al antiguo régimen, no
llegó a encender el fuego necesario para que la humanidad se desprenda de esos gusanos de la
decadencia devorándola sin descanso.
Entonces: ¿es posible que estemos derrapando hacia la distopía de manera constante e
inexorable?
En este mundo cuando la tecnología no nos da tregua, sin terminar de adoptar un dispositivo
cuando otro ya lo ha derrocado en una constante sin fin. Donde asistimos a cambios
climáticos amenazándonos con complicarnos gravemente la existencia, a un punto tal del que
no volveremos atrás. En estos confusos tiempos cuando las tiranías se disfrazan de potables
opciones ante el vacio de ideas.
¿Acaso avanzamos a una deshumanización donde las máquinas, los protocolos, los algoritmos
y el control determinen nuestras vidas? ¿O la aparente distopía a la que nos dirigimos solo
quedará plasmada en películas como Elysium, 1984 y otras?
Lo orwelliano de esta realidad quizás sea un portal necesario para alcanzar un futuro que ya
nos sobrepasó, un túnel de transición hacia la humanidad tecnificada e imposible de esquivar.
Es complejo atisbar el desenlace de los acontecimientos sociales a los que nos lleva esta
montaña rusa de cambios y consecuencias. Si oportuno reflexionar sobre ellos, porque el
pensamiento crítico influye en ese devenir. Sin duda nuestra conducta ante los sucesos que
nos envuelven, harán más fácil o complicado la conducción de la sociedad por la autopista
hacia el futuro inmediato.
En los próximos años con la red 5g el mundo estará interconectado como nunca antes. Un
vehículo podrá adelantar cuando un peatón cruce una calle antes de verlo siquiera, la
geolocalización permite esto, evitando cualquier eventual accidente como también delegando
libertades individuales a favor del bien común. Todo cambio profundo trae resistencia, así
como el internet tuvo y tiene sus detractores, la interconectividad global del individuo,
máquina, hogar los tendrá también.
A ciencia cierta la humanidad jamás ha dado pasos hacia atrás ni en las grandes guerras pues
el jalón que la tecnología armamentística nos dio, condujo vertiginosamente a la humanidad a
esa conquista del espacio, asimismo unió bloques de naciones por un bien geoestratégico y
político en común.
Ante estas circunstancias actuales como escritor debo intentar que el pensamiento crítico se
agudice, que todos encontremos dentro de un marco de paz las ideas claras que nos alejen de
la distopía y nos abracen a la realidad tecnológica que puede abrumarnos, pero difícilmente se
detendrá. Considero y lo dejo a debate, que desacelerar el progreso no es la solución, sino
generar las herramientas para que las generaciones pasadas no queden desnudas ante las
venideras.
El futuro ha sido siempre ensayo y error, hasta ahora el error no nos ha extinguido, eso hace
pensar, sin bajar la guardia de las posibilidades, que el humano conquistará las estrellas ya sea
como homo sapiens o como aventura Yuval Harari, por citar alguno, con las características de
un homo tecnológico.
Una realidad distópica será posible siempre y cuando no perdamos el tiempo renegando de la
gracia de la tecnología en vez de aceptarla como la consecuencia de una humanidad que crece
hacia el universo.
Nuestro criterio fundamentado e informado hará posible un camino intermedio entre utopía y
distopía, aún cuando el futuro nos esté llevando de tiro.
Mirando un dispositivo tecnológico pensemos que es un espejo con nuestro reflejo. Es la
expresión de nuestras capacidades humanas, el sacrificio de la inteligencia. Comprendiéndolo
nos conoceremos.
Los escritores hallamos en la palabra distopía una fuente para nuestras inspiraciones
narrativas y ojalá en todo futuro posible siga siendo así.




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