Inteligencia artificial, el desafío a la vanidad del hombre

Robot con inteligencia artificial e interfaz gráfica


Por Miguel Angel Flores Manzo
rockerdoom9@gmail.com

Corría el año 1984, en Etiopía la hambruna devastaba el país dejando un millón de muertos, Michael Jackson arrasaba los charts con Thriller y James Cameron impactaba a una generación con la futurista y paradójica Terminator.

Aquella imparable máquina autónoma y asesina, llegaba desde un futuro cercano dotada de una inteligencia artificial capaz de aterrorizar una ciudad y poner en jaque el destino del 
planeta.

 
De alguna manera ese depredador tecnológico nos dejó un sabor amargo a posible derrota.
¿Qué impediría a las máquinas destronarnos del control de la Tierra en un futuro cercano?
Tal vez un día nuestra vivienda domótica, nuestros vehículos autónomos, todos los drones y
demás artilugios dotados de inteligencia artificial decidan rebelarse, así como Dino De Laurentis lo presenta en la cinta Máximum Ovedrive. Imposible no recordar al insidioso camión con cara de duende verde intentando llevarse puesta la vida de Emilio Estévez, con una férrea voluntad y sin un conductor al volante.

Se destaca, además, la afirmación de Raúl Arrabales, investigador en informática, quien cita:


El robot inteligente debe ser capaz de programarse a sí mismo.



Antes de desarrollar el amplio universo de la inteligencia artificial, será importante comprender el significado que encierra un algoritmo informático. El mismo es dotado por un programador humano de instrucciones y reglas concretas, para que resuelva un problema y exponga un resultado. Es un conjunto de instrucciones lógicas, cada día se vuelven más complejas y los resultados logrados más sorprendentes.

Cuando el genio matemático y astrónomo Al-Juarismi, de origen persa (750-850 SIGLO VIII), concibió las bases del algoritmo, no imaginó mientras contemplaba las estrellas, un futuro con un ser humano tan atado a estas ecuaciones matemáticas en su realidad cotidiana. Estos pilares de la inteligencia artificial, tienen el poder de elevar a las máquinas sobre el ser humano, si no tomamos las medidas y decisiones correctas.
Quizás no estemos lejos de llegar a un grado de conciencia y sagacidad como la de Hal 9.000, la supercomputadora que transforma en espeluznante a la inolvidable 2001: Odisea del espacio de Stanley Kubrick.

“Ya sé que no me he portado del todo bien. Pero ahora puedo asegurarle, con absoluta franqueza, que todo irá bien otra vez. Me siento mucho mejor, de veras que sí.” 


Google Robot haciendo equilibrio en una pierna
Google Robot haciendo equilibrio en una pierna


Cuando esta pausada frase de Hal 9.000, dicha en un tono monótono y frío alcanzó los oídos de los espectadores en el cine, de seguro un escalofrío los recorrió sentados en sus butacas.

Así como una máquina con conciencia de sí misma asusta, puede enternecer de igual manera. Aquellos que vieron la película A.I. Inteligencia artificial del 2001, habrán deseado abrazar a David el niño robot confundido ante el mundo de los humanos.

La inteligencia artificial ya está aquí, entreverada en nuestro vertiginoso mundo. Los cambios son en tiempo real y no adaptarse para las empresas es cuestión de supervivencia. Un buen ejemplo son los mil millones de dólares invertidos por Ford en su empresa Argo AI, dedicada al desarrollo de la conducción autónoma. Y la posterior anexión de Volkswagen con dos millones seiscientos mil más.

Desconcertados aún permanecen los jugadores de póker profesionales que se enfrentaron a Libratus, en unas partidas que los barrió por el piso. La inteligencia artificial creada por Sandholm y compañía aprendía mientras jugaba. Mano tras mano fue superando a sus rivales humanos sin dar respiro.

¿Y qué pasará con el internet de las cosas? Pues es sencillo, todo estará conectado en este futuro a la mano. Cuando su despertador suene su cafetera calentará el café, algún robot menor le alcanzará sus pantuflas mientras otro comenzará con sus tareas de limpieza. Su casa inteligente entibiará el ambiente y hasta le sugerirá cual ropa usar de acuerdo al pronóstico del tiempo. Su vehículo autónomo lo llevará al destino que le comande por voz mientras disfruta algún holograma informativo.

Visto así no parece un futuro amenazador, por el contrario ahí están los mágicos algoritmos haciéndole más sencilla la vida a los “reyes de la creación”. 

En oposición, cabe citar que la industria militar también se beneficia de la inteligencia artificial, en ese campo de desarrollo un Terminator no es ni ajeno ni lejano. Los drones son cada vez más capaces. Una noticia de este año señala a la agencia de ingeniería avanzada (DARPA), como la desarrolladora de un sistema de inteligencia artificial, que pueda en un futuro tomar el control de una un avión de combate y realizar maniobras de caza. Para esto se valieron de algoritmos de redes neuronales para el combate aéreo virtual. Hoy en día hasta las sagradas finanzas están controladas por algoritmos. Ya en 2010 se acuña el término flash crash, cuando el Dow Jones se desplomaba en bolsa por la acción temeraria de
Navinder Sarao, quien desde su casa en Londres atacó a los mercados con órdenes masivas de
venta.

Drone militar disparando
Drone militar disparando misil

¿Está bien alarmarse ante esta realidad que se nos ha venido encima?

Aún no, estamos en el punto intermedio de la inteligencia artificial donde vemos aparecer a
los robots sociales, estos con su programación cognitiva nos sirven como compañeros
amigables. 

Hay quienes aseguran que por más deep learning (capacidad profunda de aprendizaje en las
máquinas) que se desarrolle, los qualia nunca podrán ser alcanzados por los organismos
mecánicos inteligentes. Esas cualidades subjetivas de nuestra experiencia individual, que nos
hace tan humanos y diversos. Cuán verde es un verde manzana o cuanto duele la dolorosa
herida. 

Aunque, si esto sucediese en el futuro, aún podríamos recurrir a Isaac Asimov y sus tres
reglas para limitar a los autómatas inteligentes: 

1. Un robot no le hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un ser humano
sufra daño. 
2. Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas
que entren en conflicto con la primera ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre
en conflicto con la primera o con la segunda ley.

¿Parece sencillo verdad?...